El crecimiento sostenido de la actividad minera en el país y en particular en Catamarca no solo incrementó la demanda de profesionales especializados, sino que también transformó la realidad académica de la carrera de Ingeniería en Minas de la Universidad Nacional de Catamarca (UNCA). Así lo aseguró el director del departamento Minas, José María Barros, quien destacó el fuerte aumento de la matrícula, la alta empleabilidad de los estudiantes y el impacto que la minería ha tenido en las comunidades del interior provincial.
Explicó que la oferta académica que se dicta en la Facultad de Tecnología vinculada al sector incluye la histórica carrera de Ingeniería en Minas, que se dicta desde la creación de la universidad, y la Tecnicatura en Procesos de Salmuera de Litio, una propuesta más reciente que ya cuenta con tres egresados y varios estudiantes próximos a graduarse. Además, recordó la experiencia de la Tecnicatura Universitaria en Minería que se desarrolló en Belén, surgida inicialmente para capacitar trabajadores vinculados al proceso de cierre de Mina Alumbrera
En este contexto, destacó la implementación de un título intermedio para los estudiantes de Ingeniería en Minas. “Se generaba una competencia desleal entre el técnico, que obtenía un título universitario en tres años, y el alumno de Ingeniería que debía esperar cinco o más años para graduarse. Por eso se creó el título de Técnico Universitario en Minas para quienes cumplen determinados requisitos académicos”, explicó.
Empleo antes del diploma
Uno de los aspectos que más resaltó Barros es la rápida inserción laboral de los estudiantes. Según indicó, la industria minera enfrenta una fuerte demanda de personal calificado y muchas empresas incorporan alumnos avanzados incluso antes de que finalicen sus estudios.
“Los alumnos consiguen trabajo antes de recibirse. El año pasado, el que más demoró en insertarse laboralmente tardó tres o cuatro meses. Algunos fueron contratados mientras realizaban pasantías y otros comenzaron a trabajar antes de obtener el título”, señaló.
Sin embargo, reconoció que esta situación también genera dificultades para la universidad. “Las empresas se llevan a los alumnos antes de que se reciban. Son personas con conocimientos técnicos y experiencia, pero todavía sin el título de ingeniero. Después es difícil lograr que vuelvan a terminar la carrera porque ya tienen un buen sueldo y otras responsabilidades”, afirmó.
Por esta razón, la Facultad trabaja junto a las compañías mineras para facilitar que los estudiantes puedan completar su formación profesional. “Estamos pidiendo a las empresas que nos ayuden a que esos alumnos regresen y concluyan sus estudios”, indicó.
Un interés creciente por la minería
El director comparó la realidad actual con la que vivió cuando ingresó a la universidad en 1983. En aquel entonces, apenas 24 aspirantes se presentaron para cursar Ingeniería en Minas. Hoy el escenario es completamente distinto.
“Este año tenemos 146 alumnos matriculados en Ingeniería en Minas y 98 en la Tecnicatura en Procesos de Salmuera de Litio. Hay un interés muy grande porque la minería visibilizó nuestra carrera”, sostuvo.
Barros recordó que décadas atrás la profesión era prácticamente desconocida para gran parte de la sociedad. “Antes uno decía que estudiaba Ingeniería en Minas y la gente preguntaba de qué se trataba. Hoy es otra historia porque la actividad creció y genera oportunidades laborales concretas”, expresó.
El impacto de Alumbrera y la transformación de la enseñanza
Barros también recordó el profundo cambio que representó la llegada de Mina Alumbrera para la provincia y para la propia universidad.
“En 1995 nos chocó un tren”, graficó. “Nosotros enseñamos una minería tradicional y de repente apareció una minería moderna, de gran escala, que hasta ese momento sólo veíamos en revistas especializadas. Tuvimos que cambiar los planes de estudio y adecuar toda la formación a esa nueva realidad”.
Según explicó, ese proceso permitió actualizar contenidos, incorporar nuevas tecnologías y preparar profesionales para una industria que comenzaba a expandirse en todo el país.
Desarrollo económico y cambio de percepción
Respecto del impacto social de la actividad minera, Barros consideró que la percepción de la comunidad cambió notablemente con el paso de los años.
“Cuando uno no tiene trabajo y accede a un empleo minero, mejora su calidad de vida. Eso también beneficia a los comercios, a los proveedores y a toda la economía local”, afirmó.
En ese sentido, destacó el crecimiento que observó en localidades como Belén, donde considera que la presencia de la actividad minera generó un importante movimiento económico.
Asimismo, sostuvo que muchas de las advertencias que existían cuando comenzó el desarrollo minero en Catamarca no se concretaron. “Hoy uno puede mirar hacia atrás y preguntarse qué pasó con todas aquellas cosas que se decía que iban a ocurrir. El tiempo permitió evaluar con mayor objetividad los efectos de la actividad”, señaló.
Finalmente, Barros remarcó que la minería moderna abrió nuevas oportunidades para las provincias del norte argentino y posicionó a la carrera de Ingeniería en Minas como una de las opciones académicas con mayor salida laboral. “Hoy tenemos profesionales trabajando en Catamarca, Salta, Jujuy, San Juan, Santa Cruz, Neuquén y en distintos proyectos del país. La demanda sigue creciendo y eso se refleja también en el interés de los jóvenes por estudiar estas carreras”, concluyó.
